Su nombre ni siquiera aparece en el mapa. Pampa Yajta (en quechua significa algo así como paraje llano sin árboles) es famoso por dos cosas. Es uno de los pocos lugares en los que se pueden encontrar rezadores -personas que se ofrecen a orar en velorios por el eterno descanso de personas que quizás ni conocen- y es uno de los sitios pesqueros que se impone en Villa Atamisqui, Santiago del Estero. Para disfrutar de una buena pesca variada hay que organizarse con tiempo, ya que se debe recorrer por lo menos 260 kilómetros (tres horas de viaje). Primero hay que llegar hasta Atamisqui y de ahí, tomar un camino vecinal para, después de siete kilómetros, encontrarse con el río Dulce, donde la aventura espera a los deportistas.

Se trata de un lugar casi mágico. "Quiero andar tu paisaje con mis plantas descalzas allá en Plato Pakisca; o el viejo Pampa Yajta buscar en tu remanso el miedo de mi infancia, golpeado por los ecos de ocultas salamancas", dice la inmortal canción "A Loreto" que fue compuesta por los santiagueños Felipe Corpus y "Chingolo" Suárez.

Y en esos remansos los pescadores encuentran razones para justificar semejante viaje. Así lo comprobó un grupo de tucumanos que vivió una jornada inolvidable. "El río estaba crecido, por lo que hubo muchísimo pique de bagres", explicó Gustavo Arellano, uno de los que comandó la expedición .

Todos felices
Los pescadores volvieron felices por la experiencia. Los "bigotudos" fueron los astros. Todos los que se obtuvieron midieron más de 50 centímetros y todos pesaron en promedio 4 kilos. Las bogas fueron otro atractivo, puesto que sólo se pescaron medianas tirando a grandes. Las tarariras estuvieron ausentes y se registraron algunos piques de dorados, pero se trató de piezas que, al no cumplir con la medida reglamentaria, fueron devueltas.

"Los bagres los pescamos tirando con sanguijuelas, mientras que las bogas se tentaron con el corazón de vaca. Los pocos 'amarillos' mordieron los bagres más pequeños que se utilizaron como carnada. Evidentemente, tenían muchos 'bigotudos' para alimentarse", destacó Arellano.

Los tucumanos también probaron con artificiales. No tuvieron suerte con los señuelos, pero sí registraron algunos piques con moscas (con plumas de colores amarillo, negro y naranja); no obstante, no lograron ninguna captura.

Después de semejante aventura, los tucumanos prometieron volver a esas tierras con aroma mágico y unos gigantes que garantizan emociones al por mayor.